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Mario Mendoza

Mario Mendoza recrea lo urbano , sus obras podrían ocurrir en cualquier capital Latinoamericana.
Sin embargo  inicialmente en La ciudad de los umbrales, publicada en 1992  empieza a aparecer la imagen de Bogotá como “ciudad travesti”, concepto que él explicará más adelante en un conversatorio realizado en la Biblioteca Luis Ángel Arango, en mayo de 2004.
Ahora bien, la ciudad que nos revela Mario Mendoza en el tríptico [Scorpio City (1998), Relato de un Asesino (2001) y Satanás (2002)] es una musa sombría cuya belleza resulta tenebrosa porque condensa lo infernal y lo sagrado, lo criminal y lo virtuoso, lo repugnante y lo deseable, lo doloroso y lo placentero. Una metrópoli finisecular, que padece el extraño caso de Harry Jekyll y Edward Hyde, pues ella es multiplicidad de facetas superpuestas en constante tensión, es un monstruo seductor cuya esencia no es posible determinar si “baja del hondo cielo o emerge del abismo”.
La prosa ágil y concisa de Mendoza deviene uno de los principales sellos de su propio universo narrativo, un universo en el que es posible encontrar la belleza en lo feo y lo repugnante, sin pretender encubrirlo con catarsis facilistas. Desde su escritura visceral propone una estética hiperrealista, que no teme viajar por las intrincadas regiones de la psiquis humana, ni bordear los límites de la locura.